El Deber de los Padres

March 07, 2011

El que detiene el castigo, a su hijo aborrece, Más el que lo ama, desde temprano lo corrige (Proverbios 13: 24)

EL domingo seis de febrero del 2011, una estudiante en práctica de periodismo, Daniela Morales, publicó en El Diario El Sur de la ciudad de Concepción, un artículo refiriéndose a la educación y formación del carácter de los niños. Responsabilizando a los padres o tutores de las conductas de los hijos. Según aconsejan especialistas que fueron entrevistados: “Los padres deben establecer límites”, “deben dejarles claro quién tiene la autoridad en la casa”, y “estimular al niño a la obediencia hacia sus mayores.”

Desde el punto de vista cristiano, también se observa esta debilidad en algunos padres hacia sus hijos, dejándose a veces manipular por sus pequeños. Descuidando así, el tan hermoso e importante rol de padres con el cual Dios les ha honrado. Recordemos siempre esto, que los hijos son herencia de Jehová (Sal 127:3.) También está escrito: bienaventurado el padre que llenó su aljaba de ellos (Sal 127:5). Pero ¿qué significa todo esto? Si nos damos un tiempo para leer las santas enseñanzas de Dios en las escrituras, como veremos más adelante, los padres al recibir esta honra de Dios asumen una tremenda responsabilidad, por lo tanto tendrán deberes que cumplir en sus hijos, y estos son: criar, proveer, amar, enseñar, guiar, controlar y corregir. Y cuando ellos sean mayores serán personas útiles para toda buena obra en nuestra sociedad. Recordemos aquí el Proverbio que dice: El hijo sabio alegra al padre; Más el hombre necio menosprecia a su madre (Pr 15:20.) No obstante, este resultado depende de la seriedad con que asumamos esta tarea que Dios nos delega cuando traemos un niño a este mundo. No es responsabilidad del recién nacido cual será la formación de su carácter que le darán sus padres.
   
Hay varios ejemplos de formación de los hijos a través de las escrituras y sus resultados dolorosos para sus padres. Los hijos del profeta Elí, los cuales eran déspotas y perversos de corazón (1Sa 2:12-17.) Estos mueren en el mismo día, en la batalla contra los filisteos; lo mismo sucede a su padre al saber la trágica noticia. Y la esposa de uno de los hijos de este profeta al saber la noticia de la muerte de su suegro y su marido Finees muere dando a luz un hijo al que llamó Icabod sin conocerlo (1Sa 4:18-20.) Al ver esta verdad registrada en la Palabra de Dios, se puede dar el caso que se quiera buscar justificación para Elí por la tremenda responsabilidad que pesaba sobre sus hombros, ser Juez y sacerdote de Israel; y posiblemente no tenía tiempo para educar a sus hijos. Pero las disculpas agrandan las faltas. Otro es el caso de los hijos del rey David. Adonías, el cual jamás recibió una amonestación de parte de su padre (1Re 1:6); luego, cuando adulto usurpa el trono de su padre. Lo mismo hizo su otro hijo Absalón, con engaño quiso tomar el reino de su padre para sí (2Sa 15-18.) Ambos tienen un trágico fin, mueren violentamente siendo aún muy jóvenes.

Siguiendo con el versículo de este tema, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Amamos de verdad a nuestros hijos? Si la respuestas es sí, entonces procuremos lo mejor para su futuro. Debemos aclarar que corregir o castigar a nuestros hijos, no quiere decir que debemos maltratarlos o actuar con violencia hacia ellos, o con gritos y palabras soeces, ¡No! Leamos lo que nos recomienda el Apóstol Pablo: Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor (Ef 6:4; Col 3:21.)

En otro lugar la palabra agrega: castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Más no se apresure tu alma para destruirlo (Pro 19:18.) Y también enseña a nosotros los padres: Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos (Dt 6:7.)

Para terminar, preguntémonos: ¿Qué nos gustaría que fuera para la sociedad nuestro hijo cuando sea adulto? ¿Un fracasado y rebelde?, ¿un delincuente?, o ¿un profesional? ¡Porque esta es nuestra responsabilidad! No podemos culpar a la instrucción que haya recibido en su colegio. El fundamento debe ponerse en el hogar por los padres, como se lo recomienda Dios: instruye al niño en su camino, Y aún cuando fuere viejo no se apartará de él (Pr 22:6.) Una vez nuestro Señor dijo: por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos (cuyo fruto es parecido pero espinoso)? Si usted querido lector o hermano en Cristo Jesús, desea participar como enseñador en nuestras iglesias, tiene que empezar ordenando su casa. ¿O le gustaría que le digan: ¡Médico cúrate a ti mismo!...? (Lc 4:23.) Nuestras primeras obras (o frutos) deben comenzar en nuestro hogar.

El rey David en uno de sus Salmos escribe: Venid hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré. ¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien? (Sal 34:12-13.) Sea este nuestro más grande anhelo, ver a nuestros hijos adultos con un futuro glorioso en el Señor, para que cuando tengamos que seguir el camino de todos en la tierra (1Re 2:2), cerremos los ojos en alegre paz con el deber de padre cumplido, ante los ojos de Dios y los hombres. ¡Para la Gloria de Dios!
--Testigo Fiel

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